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Primer día de anonimato

En realidad no ha sido el primer día. Ha sido un día más. Pero en este caso, como entrada al blog, es el primero.

No es tan necesario explicar por qué siempre como ser existente me he sentido infinitamente anónimo. La mayoría de cosas que hago o he hecho solamente se quedan en el simple recuerdo, habitando como huésped en las memorias ajenas. El día de hoy es un domingo como cualquier otro, salvo por el hecho de que por primera vez tengo ganas de hacer algo grande por mi vida y tomarme más en serio en cuanto a mis sueños. No existe persona que me desmotive más de lo que quiero que yo misma. Es como si hubiera un “otro yo” que se me sale del cuerpo, se para frente a mí, levanta un dedo señalándome y suelta la carcajada rimbombante y absurda. Pero no más. Deshecho desde hoy los viejos recuerdos de aventurera de pasillos de colegio, de escritora de cuentitos para el ordenador, de poeta de cartas de amigas para novios; de besadora furtiva, de mujer anónima.

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