poesía

UNA MUJER QUE NO COCINA

Todos_mujer_cocinando

A la mujer que no cocina

Le extirpan la matriz,

Le quitan la vagina,

No es mujer.

A la mujer que no cocina

Le cae condena de soledad perpetua

Le es vedada la participación en intercambio de recetas

Es vilipendiada en los círculos de repostería.

No es mujer una mujer que no cocina.

No tiene derecho a reclamar cenas a las 6 de la tarde

No sabe ir a hacer las compras al mercado,

No diferencia entre frito o asado

No es invitada a las reuniones familiares.

Es triste ser individuo que no cocina,

Pues no es mujer,

Pero tampoco es hombre,

Es solamente un ser que existe.

La Maga*

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poesía

Casa

casa 

Mi pobre achicada,

Casa.

Con tus paredes rajadas,

Sudada.

De lágrimas fosilizadas

Pálidas.

De alientos nocturnos

Sorda.

De gritos, robusta.

Rechazada

…cansada.

Hinchada de bebés que lloran,

Amantes que se aman

Secretos que se guardan

No amada,

Mi pobre achicada,

Casa.

Con tus paredes lienzo

De versos.

poesía

Ciudad Photoshop

tegus

Tegucigalpa,

Ciudad disimulada.

¿Cuánto maquillaje requerirán tus calles descuidadas?

Porque te veo y no me cuesta quererte,

Te abrazo,

Porque albergás mis debilidades.

¿Cómo borrar tus cicatrices, ciudad abusada?

Con una paleta de colores susurro a tus paredes

Te veo cansada, desanimada

Aplico un poco de corrector en tus baches de principios,

Algo de rubor a las mejillas de tus hijos,

Te tomo una fotografía con algunos puños alzados

Y veo en cada esquina,

Una que otra fotografía alterada

De políticos hipócritas

De ideologías baratas,

Caras MAS-caras

Ciudad “photoshopeada”

Escondiendo puntos rojos

O imperfecciones de tu epidermis.

La Maga

Narrativa

Feliz cumpleaños

girlany

Any observaba el semáforo esperando que la luz cambiara a rojo. Iba a cruzarse la calle para poder comprarse unos dulces en la chiclera de doña Olga. “Hoy es un bonito día” piensa, y avanza cruzando la calle dando brinquitos, simulando el juego “capeador” que siempre acompañaba sus tardes cortas y alegres.

De repente escuchó como la música de un automóvil invadía sus oídos “Estas sooon las mañanitas que cantaaaba el rey David, a las muchachas bonitas se las cantamos así…” Any volteó a ver, pues se le hizo familiar la voz del señor que bajó del auto, y entonces vio el rostro de un hombre de unos cuarenta y tantos años, de cabello negro y de contextura robusta. Era su papá.

  • ¡Papi!
  • ¡Hola amorcito! ¿pensaste que me había olvidado de tu cumpleaños? ¡por supuesto que no!
  • ¡Papito! ¡Yo pensé que no te volvería a ver!
  • ¡No mija! ¡aquí estoy! ¿Lista para celebrar tu cumpleaños?

Ese día era el cumpleaños número diez de Any. Pensó que se ahogaría en la amargura de su casita en Comayagüela, que su mamá le daría el típico pastelito de tres leches –el que sus cuatro hermanitos se terminarían comiendo- y que no recibiría más regalos que los frijoles con tortilla de la cena. Pero ese día no fue así. Todo cambió cuando el sonido del pito del automóvil la ensordeció un poco y de repente ya estaban ahí, los dos, comiendo Mcflurrys, pasando por las tiendas, comprando juguetes, abrazándose y recíprocamente amándose en el inmenso y hermoso amor de padre e hija. Fue un día maravilloso, Any nunca lo olvidaría.

Al llegar la ambulancia y la policía el cuerpo yacía en la calle pavimentada del boulevard. Doña Olga, la de la chiclera, explicó que sólo escuchó un grito y ya la niña estaba tirada en la calle. El auto se fugó en cuanto sucedió la tragedia. Los periódicos apuntaron que se trataba de una niña de aproximadamente diez años, huérfana de padre y que solamente vivía con su madre y sus cuatro hermanos.

La Maga

Narrativa

El café de las cuatro de la tarde

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Se sentaba a diario a tomar una taza de café a las cuatro de la tarde. El contacto de su paladar con el café representaba para ella un sin fin de recuerdos. Sorbo a sorbo, Isabella contemplaba frente al desayunador una pintura que le regaló su padre. Un plato de espagueti tentador la invitaba a viajar por el enorme mundo gastronómico de las pastas, y fue en ese momento cuando una lágrima se asomó por su ojo. “¿Quién llora al observar un cuadro de un plato de comida?” pensaba mientras removía la cuchara en la taza. “Sólo yo…tan estúpida.”

Isabella tenía apenas diecinueve años cuando comenzó a soñar con un viaje a Italia. Sus calles, sus plazas, Roma en el sol naciente de sus días, comer pasta hasta la congestión y caminar por sus callejones observando a los italianos vociferando palabras al unísono con los gestos exagerados de sus manos. Estudiaba Matemáticas en la Universidad, y toda su obsesión por el lenguaje numérico la había llevado a planear con detalle su viaje, los gastos, las probabilidades y otros afanes que la imprimían en una fotografía exitosa.

De pronto, escucha un timbre. Se levanta y camina hacia la habitación donde se encontraba su madre, la cual, con un movimiento de ojos, le muestra el reloj traidor que daban las cuatro y diez “Mierda…olvidé que la inyección es a las cuatro.” Su madre, intentando hacer un gesto de enojo en su rostro paralizado, la reprendió en mudez.  “Perdóname mamá, estaba tomando mi café.” Después de la inyección, Isabella se sentó junto a la ventana de la habitación y suspiró mientras vio pasar por el cielo un avión con destino para ella incierto.

Quizás en otra vida, Isabella estaría intercambiando miradas de picardía con los transeúntes italianos, comiendo lasaña a las doce del mediodía en algún restaurante de fachada atractiva o viajando por motocicleta en las calles olvidadas de la ciudad soñadora; pero su realidad era distinta, su viaje se había transformado en estar todos los días a las cinco de la tarde al pie de la cama de su inmóvil madre, víctima de un atropellamiento en un boulevard, leyéndole las novelas de Jane Austen. “Bueno, hoy comenzamos con Mansfield Park, mamá”. Y el café de las cuatro de la tarde quedó como Italia, abandonado en el desayunador

La Maga.

poesía

Hena

Mejor no inmiscuirse en amores

Soy espejos, de mala suerte, rotos.

Mejor es acompañarse de la soledad

Y morder con labios finos las palabras fuertes y pesadas.

No me veas con tus ojos que se comen destinos

Ni me hables con la boca que succiona pensamientos,

Ya quedate dueño de la sonrisa que aparece solo en esos momentos,

En los que estás enamorado de vos, de la vida.

Quedate en esas fotos en las que me decís “Mirame, ahí yo estoy feliz”

Y en esos artículos que escribiste, los perdidos, los sin dueño.

Quedate mejor con mis prejuicios asesinos, siniestros.

Ni siquiera me determines cuando pronuncie tu nombre de forma correcta.

Es mejor si no preguntas a qué saben mis pensamientos de olvidadiza,

O porque no soy feliz estando en este lugar feliz.

La Maga.

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Una Maga de tercer mundo

Saga-Harry-Potter

La primera vez que tuve un libro de Harry Potter en mis manos tendría quizás unos 11 años. Una amiga potterhead de mi hermana le había prestado La Piedra Filosofal para que lo leyera. Yo cogí el libro con curiosidad por su portada y leí quizás unas 50 páginas porque desgraciadamente mi hermana tuvo que devolver el libro. El libro captó mi atención pero el gusto no surgió de inmediato, en realidad. Fue hasta que vi, un 10 de septiembre del 2002, la adaptación cinematográfica de la mano de Cris Columbus. En ese momento mi amor surgió. Recuerdo que mi mamá rentó en un movie club la película de regalo del día del niño para nosotros y yo la vi, en la sala de mi casa, acompañada por mi hermano y un sandwich de jamón preparado por mi papá. El recuerdo nunca se borrará de mi mente ya que posteriormente leí los libros y me declaro culpable de haber visto las ocho películas una y otra vez.

Todas las personas que me conocen saben que soy fan de Harry Potter. Muchas personas que me rodean incluso se reservan su mala opinión al respecto pues saben que defiendo Harry Potter con capa y varita. Cuando tenía 14 años tuve un profesor que se atrevió a decir frente a mí que Harry Potter era “pura pseudoliteratura” y yo no supe como defender mi posición en el momento pero me molesté mucho. Luego, al pasar los días, investigué sobre Harry Potter, Rowling y leí mucho al respecto, el resultado fue un ensayo de cinco páginas que escribí defendiendo a su autora JK Rowlings y describiendo mis motivos por el que admiro tanto a la autora como la saga. Mi maestro se sorprendió mucho de mi escrito y no sólo me otorgó la nota total de mi trabajo, sino que me incentivó para que continuara escribiendo.

Actualmente me río y sé que muchos de mis contemporáneos se reirán conmigo, pues realmente estoy y estamos conscientes de que Harry Potter no es la gran joya literaria. Pero lo que les relaté anteriormente me hizo darme cuenta de una cosa, y eso es que el gran valor de esta obra no reside en su calidad literaria o en la construcción de sus personajes (lo cual a mí me sigue pareciendo muy sorprendente) sino en lo que deja en cada persona, niño o adulto que la lee. Puede ser cansado leer siete libros de más de 200 páginas (hay unos de hasta 800) pero la calidad didáctica de la obra es la base sobre la cual se ciñe la fama que adquirió; a mi no solo me hizo darme cuenta de que podía ser escritora como JK Rowling (la cual es mujer, y lo que ella logró es difícil para cualquiera, más si se es mujer; la discriminación sigue existiendo) sino que también me hizo enamorarme más de la lectura y desarrollar mi imaginación en muchos niveles.

Cuando descubrí el mundo de Harry Potter recibí mi carta de Hogwarts, que casualmente me pasó a los once años (no hay ficción en esto), fui posicionada en la casa de Slytherin (afuera los prejuicios, yo no soy mala ni nada por el estilo) y me di cuenta de que las letras eran lo mío, por lo que actualmente soy profesora de Historia de la Magia y me dedico a escribir una columna para el Diario el Profeta.

La Maga.