Narrativa

Un barco a la deriva

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Cuando la muchacha de limpieza la encontró tirada en el piso de la habitación, se sorprendió de hallarla bajo la mesa. Fue identificada como Rossana Martínez. La recuerdo perfectamente, porque siempre que me aparecía por el bar allí estaba.

Tuve el placer de hablar con ella, varias noches taciturnas en que me acompañaba con un trago de vodka o un tequila. La conocí cuando apenas tenía veinte años y aún hoy, con sus treinta y dos, seguía accediendo cuando la invitaba a sentarse a mi mesa para conversar. Fui su cliente unas dos, o tres veces. Pero nuestra conexión era más espiritual.

Yo trabajo aquí desde los dieciocho años, joven. Usted cree que me gusta la chamba pero no, no crea, tiene sus desventajas. De repente hay muchos viejos que a uno la asquean pero ¡bah! Para que le cuento. – Toma un trago, continúa.- Yo todo lo hice por mi hermana Anita, porque después de que nos fuimos de la casa no teníamos ni qué comer, mucho menos dónde vivir. La inútil esa no sabía ni lavar su ropa, como en la casa todo se lo hacía mi mamá, entonces ya se imaginará lo mal que le estaba yendo a la pobre. Con lo que yo comencé a ganar aquí al menos pudimos rentarnos un cuartito y vivir decentemente. –Se gira para saludar a lo lejos a uno de sus clientes asiduos, toma un trago, continúa.- Nosotras nos fuimos porque no aguantábamos más a mi papá, nos pegaba demasiado el cabrón y más después de que mi mamá se fue para los Estados, disque para ayudarnos pero más fue para abandonarnos pues nunca nos mandó ni un dólar. Fíjese que a veces Anita y yo nos escondíamos debajo de la mesa  mientras nuestros viejos se gritaban; imaginábamos que la mesa era nuestro lugar secreto, de refugio pues, y cómo lloraba la cipota esa; Yo sólo la callaba y ella me decía que cómo podía ser yo tan fuerte, que quería ser como yo jaja y ahí está, mírela, de mesera en un restaurante, y decía que yo era la fuerte– Se dibuja una pequeña sonrisa en su rostro- ¿Sabe usted cuando perdí mi vida yo?…Cuando Miguel se murió, y no Miguel mi papá, que ese cuando murió yo ni lo lloré, sino mi hermanito menor. Toda pelea entre mis viejos era por eso. Mi mamá culpaba a mi papá, él a mi mamá y así pasaban. Viera yo como amaba a mi hermanito, era un llorón ese, de todo lloraba ¡uff! más que Anita todavía, yo era como su protectora, más que mi mamá era yo la nana de él. –Se borra la sonrisa y desvía su mirada hacia el cenicero en la mesa.- Pero ese día que se ahogó en el río fue la ruina de mi familia, y la mía. Con él se fueron mis alegrías y aquellas tardes en que los tres jugábamos a marineritos con los trajes blancos que le pedíamos a mi mamá que nos pusiera.

Siempre que Jazmín terminaba de hablar conmigo me pedía cigarros. Yo indulgentemente siempre le obsequiaba la caja completa de Belmont azul y ella me lanzaba una sonrisa de gratitud,  antes de levantarse de la mesa y marcharse.

Un día, en que tomaba un café a solas, se me acercó mi amigo Jorge. Después de saludarme se sentó en la silla y me miró fijamente.

– Hallaron muerta a Jazmín ¿supiste?

Levanté el rostro para ver la seriedad de su afirmación, pues creí que se trataba de una broma.-

-¿Cuándo?

-Hace un rato, en el hotel de aquí a la vuelta.

Sus palabras fueron determinantes. Después de irme del café decidí pasar por el bar donde trabajaba Jazmín, para comprobar si era cierto. Cuando hablé con la dueña del lugar me dijo que, efectivamente, se había tratado de un suicidio. En la habitación del hotel hallaron un frasco de pastillas y una cajetilla de Belmont azul. Jazmín se había puesto un vestido blanco y probablemente, lo último que vieron sus ojos fue la madera de la mesa que estaba en la habitación, pues la encontraron yaciendo debajo de ella, boca arriba.

La Maga**

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personal, poesía

¿CÓMO TE EXPLICO?

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fotografía: Mandi.

¿Cómo te explico que quiero que te quedés?

Quedate.

No te vayás con las lluvias de septiembre,

No te vayás con las chicharras de verano

No te vayás de mis pensamientos

Quedate.

No te vayas como salario a mitad de mes

No te vayas como papá borracho

No te vayas como abuelita enferma

Quedate.

No te vayas como perro envenenado

No te vayas como hijo rebelde

No te vayas como cenizas de cigarro

Quedate, por favor, quedate.

Quedate como deseo encarnado en el alma

Quédate como ilusión encrustada en el corazón

Quedate como pobreza, como necesidad

Quedate en mi pupila dilatada,

Quedate en mi sinrazón

Quedate para siempre en estos versos

Quedate, por favor, no me dejés

Quedate.

La Maga**

bitacora, personal

La oscuridad

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¿Por qué la oscuridad nos convierte en seres tan sobrenaturales?

Un día alguien me dijo que la oscuridad no es mala, que las cosas que se hacen cuando ella está es lo malo. Pero yo pienso que no. No todas las cosas tienen que ser malas.

Porque la oscuridad presencia sueños, intimidad, conexión espiritual. La oscuridad revela aspectos de nuestra personalidad que tenemos revelar bajo la luz. ¿Por qué? ¿Alguna vez se han preguntado qué es la oscuridad para ustedes? ¿Cómo son ustedes en la oscuridad?

Te quedas a dormir en casa de tus amigos o amigas, conversan y deciden que ya es hora de dormir. Pero luego, al apagar la luz, la conversación continúa. Se vuelve más profunda. Por alguna razón comienzas a ser más íntimo y a compartir cosas de tu vida que nunca pensaste compartir. La oscuridad desinhibe. La oscuridad permite que seamos libres de ser quienes queramos porque sabemos que nadie puede vernos para juzgarnos y que no debemos enfrentar una mirada de burla, desaprobación o reclamo. La oscuridad es tranquilidad. Es escuchar la lluvia mientras nos abrazamos y escuchamos el respirar del otro. Es reposar en su pecho y pensar que en ese infinito momento todo está bien, y todo ser, objeto y creación de la naturaleza está equilibrado y en armonía.

A mi no me importa que la humanidad sea una falacia o que seamos seres microscópicos del universo. Existimos porque lo sentimos. Así como sentimos la luz del sol golpear nuestros ojos cuando vamos a correr a las 7 de la mañana, así también sentimos la ausencia de los colores al llegar la oscuridad. La oscuridad existe. Existe el bien porque existe el mal. Y es cuando, vistos frente a la oscuridad es que nos decidimos por un camino. El bien…o el mal.

Pero ¿quién dijo que sólo cuando llega la oscuridad debemos decidir cómo revelar nuestro verdadero carácter? Las peores tragedias de la humanidad han ocurrido a plena luz del día. Las peores palabras han sido dichas bajo una luz artificial o bajo la luz natural del sol. Las despedidas más difíciles, los golpes más dolorosos, las pérdidas de seres queridos, en fin. Pero eso es lo bello de este mundo. Bajo la luz también se presencian las escenas más conmovedoras. Bajo la luz logramos intercambiar miradas con esa persona que nos encontramos en el gimnasio y nos gusta. Bajo la luz logramos distinguir lágrimas de felicidad de una persona que teníamos mucho tiempo de no ver. Bajo la luz damos muchos besos, y abrazos.

Pero, esperen. Todo lo bello, antes dicho, también logramos distinguirlo y sentirlo en la oscuridad. Y aquí no es cuestión de ver. Porque esa ha sido la razón de condena más grande para el ser humano…esa insensata necesidad de siempre VER. ¿Por qué no también, sentir? ¿Por qué no intentar alcanzar con los demás sentidos aquello que no es evidente para la vista? ¿Por qué mejor, no darle lugar al tacto? ¿Al gusto? ¡Cuánta belleza hay encerrada en la ausencia de la luz! ¿Por qué no nos dedicamos, en vez de ver, a OBSERVAR? Cuando entendamos la verdadera diferencia entre estos dos verbos, podremos llevar nuestra experiencia de vida a un nivel mucho más alto.

Es difícil no pensar que viendo el poder de la luz y la oscuridad, aún no podamos ver y entender que definitivamente, más allá de universo, tiene que haber algo más. Y yo elijo creer que sí. Somos seres extraordinarios atrapados en cuerpos ordinarios.

Pero algo sí es indiscutible, sólo en la oscuridad podemos ver las estrellas.

La Maga**

bitacora, personal

Los días difíciles de Lucía 1

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Ayer he llorado. Me he llorado a mí, lo he llorado a él, a ella, he llorado a todos. De alguna forma mi corazón tiene un extraño poder que le permite ser sensible a todo dolor que le rodee, y más cuando se trate de dolor de la gente que lo habita. He llorado a una amiga. Nadie lo ha sabido. Nadie ha preguntado. He llorado esta soledad. Otra vez. Estos son los días difíciles.

Pero los he logrado detectar. Afortunadamente, ahora sé cuando esos días se acercan, y no, no son los días del periodo menstrual. Son los días en los que mi vida se llena de oscuridad, los días en que no quiero ni tengo fuerza para continuar, los días que me hacen pensar que nada de lo que hago sirve. Esos días difíciles.

A veces me pregunto cuándo esto empezó a suceder. No lo sé, sólo sé que yendo unos años atrás, esos días ya estaban ahí.

La yo de antes se hundiría en esos días como solía hacerlo. Pues para la yo de antes todos los días eran días difíciles. Pero la yo de ahora es distinta. Ella sabe cuando se acercan esos días difíciles entonces se prepara. Se arma de amor propio, de amor de Dios y lucha. Aunque el día transcurre y parece succionarle la alegría cual dementor aguardando la prisión de Azkaban, la yo de ahora al estar preparada, pelea.

El temblor es fuerte, lo siente cada partícula de mi cuerpo. A veces siento que las lágrimas queman mis ojos. Pero, después de unos minutos de oscuridad y lágrimas, al fin todo pasa. Respiro. Vivo. Ya está. Ya está.

La yo de antes se quedaba dormida con los ojos inundados de lágrimas. La yo de ahora se lava la cara y continúa. La yo de antes no quería despertar. La yo de ahora abre los ojos la vida, da un salto y vive.

La yo de antes dedicada noches completas al lamento y al insomnio. La yo de ahora dedica sus noches a la música, a hablar con los amigos y a hablar con Dios.

La yo de antes no encontraba el sentido a su vida…

La yo de ahora lo encontró…porque se encontró a sí misma.

La Maga*

poesía

El puerto

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Hoy te despido

desde el puerto,

donde un día partiríamos juntos.

Pero ya no,

porque ya no existen más barcos

que zarpen y me lleven

rumbo hacia aquel lugar.

Siempre soñé con ir a la isla bonita,

saborear mofongo y amar la vida.

Te imaginaba a vos, a mí

A nosotros.

Mirando ese camino que nos llevaría

a nuestro paraíso soñado.

Pero hoy te vas solo,

te dejo partir.

Te vas a cumplir tus sueños,

esos que nunca me incluyeron a mí.

¡Buen viaje querido amigo aventurero!

Que tu barco encuentre finalmente su Puerto.

La Maga*

poesía

El niño que jugó

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para Aylan Kurdi

Descalzo,

El niño que juega,

A la orilla de la playa

Sus pies danzan en la arena.

Con manos de flor construye castillos

Su risa inmaculada es la melodía

De un día de sol,

De un día de vida.

Alza las manos al cielo

El niño que juega

Juega a ser niño

Sin sonidos de odio

Sin golpes de lipidia,

Juega a corer hacia el poniente

Juega a alcanzar el sol con las manos.

Y yace calzado,

El niño que ya no juega,

A la orilla de la playa.

Sus pies no danzarán más en la arena.

Arrrurru, mi niño

Arruru mi  sol

Te vas de este mundo de miseria,

Donde ya no hay amor.