bitacora, personal

Poder decir adiós es crecer

adios

En el titulo de mi entrada abro con una poderosa cita de Gustavo Cerati. Justo hoy pensaba en la cantidad de veces que me ha tocado decir adiós, y solo en este año han sido muchas. Y la gente ha tenido que decirme adiós a mí también en reiteradas ocasiones. Los adioses se han vuelto parte de mi vida y no me había dado cuenta.

Hace no mucho una de mis colegas de la maestría me decía que en España la gente no acostumbra a despedirse con “adiós” así como nosotros, los latinoamericanos (algunos países) porque les parecía que decir “adiós” era algo para muy largo plazo, o más bien algo para siempre. Y es que “adiós” tan evidentemente significa eso a-dios, “ir a Diós” viene del “a Dios encomiendo tu alma”. Cuando decimos adiós simplemente deseamos lo mejor a la persona que veremos pronto, o no tan pronto, o quizás nunca más.

Pero, la palabra es más difícil de decir de lo que parece. Antes yo decía adiós como decir “hola” pero la verdad es que no es lo mismo. Una vez que le encontré el verdadero significado, una vez que la sentí con el corazón, entonces fue que entendí muchas cosas. Es realmente tan fuerte como ese primer “te amo” que se dice una pareja.

Pero, por más que también el adiós implique un “para siempre” muchas veces por más que intentemos decir adiós a algo simplemente eso nunca se va. ¡Qué contradicción! ¿verdad? Justo hoy lo meditaba. En mi experiencia personal traté de utilizar el “Adiós” como sinónimo de “dejar de querer” muchas veces. Y eso no funciona así. Leyendo uno de mis diarios personales, vi que había escrito la palabra adiós más de cuatro veces, dirigiéndome hacia la misma persona.”Adiós aquí, adiós allá” pero, aún sigo sintiendo, aún sigo queriendo y mi corazón aún se sigue llenando de alegría al saber de esa persona y al saber que esa persona está feliz.

El adiós  como lo pensamos no existe. El adiós no es algo negativo. Decimos adiós pensando que es para despedir. Pero, por más que digamos adiós a alguien, esa persona sigue viviendo en nuestros pensamientos, siempre. Incluso si ha muerto, no se ha ido. ¿O acaso ha cambiado nuestro amor y cariño por esa persona? No ¿verdad? Incluso si ha sido una persona que nos ha hecho daño, el adiós no implica que desaparecerá. El adiós no cura, ni borra el pasado. Pero el adiós lo que sí hace es que nos ayuda a madurar. El decir adiós no lo hacemos esperando que no volveremos a ver a alguien, el adiós es nuestra declaración de madurez. El adiós es nuestra forma de decir “puedo seguir adelante”. Y esa es una muestra de amor. Quien dice adiós es porque ama, porque amó.

Y con esto concluyo, no importa cuantas veces digamos adiós. Y yo ya entendí, los adioses son pequeñas partículas de madurez que se van adhiriendo a nuestro corazón, son esas arruguitas que se van adhiriendo a nuestras manos, son la grasa abdominal, las canas en el cabello. No toda la gente es capaz de decir adiós, no toda la gente es capaz de madurar. Si nunca nos atrevemos a decir adiós, entonces nunca vamos a crecer.

“Separarse de la especie por algo superior
no es soberbia es amor
no es soberbia es amor
Poder decir adiós
es crecer .”

Gustavo Cerati.

La Maga**

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poesía

La torre

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Ante un mundo plagado de exigencias académicas

yo me escapo a esa terraza.

Abro la ventana y la veo,

se erige alta, erguida, y fuerte en sus bases metálicas

Es la torre.

Desde la terraza

la observo a lo lejos y es mía.

Pienso en que pronto estaré en su cima,

con la ciudad frente

y detrás de mí.

Con la ciudad a mi lado,

con la ciudad al rededor de mí.

Y me tomo un café en las calles,

una copa de vino en las plazas

y soy libre, al fin.

Como las aves ficticias

que hoy desde mi pared

me cantan.

 

La Maga**

Narrativa, Sin categoría

La mariposa Sally

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Sally ya lo había decidido. Ese día se cortaría las alas para no volar más. Lo había decidido en la clase de la maestra abeja “Queridas estudiantes voladoras, no somos cucarachas ¿saben? ¡Y qué bueno que no lo somos!…las cucarachas son feas y sucias. Nosotras somos bellas y todos los seres humanos gustan de nosotras. Ha de ser una tristeza grandísima ser cucaracha.” Y Sally se preguntaba ¿Qué de malo tendría ser cucaracha? A veces ella misma se sentía sucia y fea, y no era cucaracha. Quizás ser cucaracha era mejor que ser ella. “Quiero desaparecer” escribió la pequeña mariposa en su libreta colorida. Y entonces se decidió.

En tres semanas haría un viaje hacia la ciudadela, lugar donde todas las mariposas más geniales iban. Ella había soñado tantos años con ir a la ciudadela, y por fin lo haría. Pero quería cortar sus alas. Sally ya no quería volar. “Entonces ya no iré a la ciudadela”, se decía a sí misma.

Y esperó todo el día porque alguien le preguntara si estaba bien. Esperó durante horas. Y ninguna de las demás mariposas preguntó nada. “Oye Sally, la maestra mariquita, me ha dicho que se ha decepcionado de ti y de mí, porque somos malas mariposas”, “Oye, Sally, me he peleado con mi mamá. ¿Vas a creer que no quiere regalarme una de las flores de su jardín?”, “Oye Sally, ¿qué vas a hacer para estas vacaciones? ¿Piensas salir?” “Oye Sally, me siento tan cansada, no duermo, tengo una vida tan difícil”, “Oye Sally, todo lo que escribes está mal. Debes mejorar mucho si quieres obtener la nota más alta”, “Oye Sally, y tus papás ¿cómo están?… ¿Cómo que no hablas con ellos y por qué?… ¡Eres una mala hija Sally”, “Oye Sally ¿por qué no tienes novio?”…”oye Sally…Sally…”

Ni un tan solo ¿cómo estás? Para Sally. A ninguna de las demás mariposas les interesaba Sally. Llegó a su casa y lloró durante tres horas. Amaba sus alas pero tenía que cortarlas. Y las cortó. Sally nunca volvió a volar.  Su familia de mariposas, al ver que no podía volar, decidió desterrarla del bosque. “¡Tú ya no eres mariposa! Ahora eres como cucaracha para nosotros.” Y Sally se fue a vivir con las cucarachas.

Al verla, las cucarachas se asombraron, pero la recibieron bien. Sally se asombró también, ya que para su sorpresa, algunas cucarachas podían volar. “¡Pueden volar! Entonces mejor me iré, tampoco pertenezco a este lugar.” “Pero, querida mariposa Sally ¿quién te ha dicho eso? No debes saber volar para que te quedes con nosotras, pues como ves, muchas de nosotras no podemos volar. Quédate, y entiende algo, lo que te hace ser no son tus alas si no lo que está en tu corazón.” Y así, Sally se quedó con las cucarachas y logró ser muy feliz.

*

***

“¿Mataste a ese bicho horrible, Papá?”

“Sí, por fortuna.”

“¿Y qué era?”

“Ni idea, pensé que una cucaracha pero tenía forma de algo más. Ya qué importa, hija. Vuelve a dormir, que mañana debes ir a la escuela para que sigas aprendiendo, porque tú no eres una niña pobre y de la calle ¿sabes? ¡y qué bueno que no lo eres! Porque tú eres educada, y la gente sin educación es fea y sucia.”

 

La Maga**