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HAIKIÑO ILUSTRADO. SOY MUJER

Pedí al nacer ser una hermosa flor, y fui mujer. Texto e ilustración de María Míguez

Origen: HAIKIÑO ILUSTRADO. SOY MUJER

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literatura, Narrativa, Sin categoría

Libertad

 

El espejo lanza un claro reflejo de mi rostro mojado y salado de las lágrimas que rodaron por él. Siempre el mismo cuento. Comienzo lavándome la cara, la seco, y luego paso una densa capa de base por todo el rostro para cubrir cualquier impureza que se deja ver por ahí. Después aplico corrector en las ojeras, en los granitos y ciertas arruguitas que dicen que aparecen en el rostro después de los 25.  Así me veo mejor, sí, sí. Pero falta. Relleno mis cejas con lápiz café para crear el efecto de cejas pobladas que nunca tuve, incluso las hago más largas, porque vuelven mi rostro más simétrico. Después, hago el contorno del rostro con una sombras café, dicen que funciona hacerlo en forma de tres abarcando las mejillas y los huecos cerca de los labios. Un poco en la frente también. Y difumino. Ahora sombras en los ojos, tonos tierra, tres colores distintos, parpado superior, parpado inferior. Difumino de nuevo. Ahora delineador, primero el delineador en lápiz, luego el delineador líquido para crear el efecto de “ojo de gato”. Luego, rizar las pestañas, rizarlas bien, apretar el rizador lo más que se pueda. Hermosas pestañas. Aplico el rímel, color negro, muy negro, una capa, dos capas, tres o las necesarias hasta tener pestañas infinitas. Qué lindo va quedando todo. Por último, bueno casi, aplico el rubor sobre las mejillas, llevando la brocha hasta casi pegar con los ojos. Guau, que definición. Qué natural. Ahora sí, por último, un buen labial, ¿Rojo? ¿Rosa? Mmmm, los dos, para crear una hermosa combinación. Y ya quedé. Esta soy yo.

¿Qué te pareció mi cuento? Terrible ¿verdad? Bueno, es el cuento de todos mis días. Pero esa no soy yo. Y hoy, que sigo viendo mi reflejo de nariz enrojecida, ojos hinchados y mirada vidriosa, no puedo evitar recordar los días pasados. Las niñas corriendo en la cancha de la escuela, mientras aquel chico me gritaba “¡Oye, fea!”. Las amigas aquellas que siempre eran más bonitas que yo, los chicos acercándose a hablar conmigo nada más para que les presentara a mis amigas. La vez de aquella confesión “hay un niño que se muere por ti”, y luego comienza mi vida de cosméticos, y capas, tras capas, tras capas de decepción. “Pues es que eso del niño me lo he inventado, para que te sintieras un poco mejor”. Y ahí comenzaron las decenas de pesos y pesos invertidos en reestructuración de todo lo que me incomodaba de mí,  cosas que según dicen, hizo Dios. Luego, vinieron las selfies. Los likes, 10 likes, 20 likes, 40 likes, 60 likes, 100 ¡Guau! Me aceptan, me admiran. Por fin.

Ahora continúo viéndome al espejo. ¿Siempre fui así de fea?  Siempre han sido más de 15 minutos los que he dedicado a esto, en cada uno de mis días. Si hiciéramos la suma de cuantas horas, días o semanas he gastado de mi vida poniéndome un disfraz para complacer al mundo, entonces me deprimiría aún más. Pero basta. Se acabó.

Tengo miedo. No sé qué será de mí saliendo al mundo sin mi máscara. Tengo miedo, me siento…desprotegida.

Entonces sobrevivo, camino hacia mi oficina y me encuentro a uno de mis compañeros de trabajo

– Wow, you look like shit. Are you okay?

Y yo solo me río, y le digo:

-Puede que me vea más fea que la mierda hoy, pero es cuando por fin soy libre, huevón.

 

La Maga**