poesía

Duerme. 

Cerrando los ojos en colores azules de ensueños, 

La mente vaga dubitativa por  prados de recuerdos exhaustos.
Tu mirada acogedora en el lado del conductor,

Cuál espejo renaciente te observo desde el otro lado.

Ingeniero, siembras frutas en el invernadero,

Y me muestras,

Una a una 

Las blancas palomas de tu nido verde.

¡Como han pasado los años!

Sin mí a tu diestra 

Has creado un bosque en lirios 

Púrpuras y dorados.

Yo te entiendo y te quiero,

Amigo.

Siempre amigo.
Luego me transporto a una ciudad rebelde y agitada,

A la irreverente realidad de tráficos que destapan 

El velo del ciego conformismo 

Y la apariencia dominante.

Estás en la fila, frente a mí

De tu mirada, me escondo 

No sea que veas en mí 

A la envejecida niña 

Que ha padecido ante la soledad,

La que te dejo sufrir, solo.

La que no tuvo valor de quedarse.

Y mi uniforme de doncella se va quemando,

Quedan el tacto y el gemido,

De una estrella blanca que me reclama: 

“¡Embustera!” 

“Embustera la mierda”, pienso.

Por la fatídica vida donde perezco

Amiga,

Siempre amiga. 
La Maga** 

Ilustración de Paula Bonet. 

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