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Honduras, de luto.

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Fotografía de Andrea Fonseca 

El domingo no salió el sol desde temprano. Quizás los cielos ya presagiaban la tragedia electoral que se habría de celebrar. En mi tercera vez ejerciendo el sufragio, observé cómo mi lugar de votación se veía lleno de gente, gente joven sobre todo. La esperanza en las miradas de los votantes era innegable y pensé “Honduras, vienen tiempos mejores”. Pensé que me iría de mi país alegre, pensando “Bueno, no estaré esos cuatro años de gobierno, pero voté. Ayudé a cumplir con la democracia.” Pero siempre hubo algo dentro de mí, quizás era miedo, quizás incertidumbre, o ambas. Ese algo me mantenía intranquila y dubitativa.

Casi siempre por la noche, se anuncia el ganador definitivo de las elecciones. Pero, esta vez -y por primera vez para mí- no hubo anuncio de “posible ganador”, sino hasta las 2 de la mañana, cuando se declaró que Salvador Nasralla el candidato del partido Alianza (llamado así por ser la unión de varios partidos en lucha contra el monstruo del partido nacional) llevaba la delantera. Celebré, celebramos, nos reímos y pensamos “No más bipartidismo”. Pero esto no duró mucho, como eso alegrones de pobre que nos regala un sueldo depositado a tiempo. Después de eso todo se volvió negro. Nubarrones de misterio se hicieron presentes como los mayores protagonistas, cegando por completo la mirada del pueblo. Ya no había más respuestas. Ya no se decía quién había ganado. Pasó el lunes, luego llegó el martes, y ya el miércoles el pueblo indignado por el vil fraude que se venía fraguando -ya que el Tribunal Supremo Electoral ocultaba la declaración final con el resultado- salió a las calles, de forma pacífica. Pero el término pacífico no es algo conocido por los gobiernos represores, y fue cuando el presidente de turno -el cual es el actual candidato del Partido Nacional, sí, leyeron bien, el presidente actual busca reelegirse aún sabiendo que violó por completo la constitución del país que tachaba la reelección como algo ilegal- ordenó la represión de la manifestación con tanques enormes llenos de militares quienes golpearon, gasearon y violentaron por completo a la gente que se encontraba en vigilia protestando por el respeto a la democracia ciudadana.

Fotografías tomadas por Andrea Fonseca el día 30 de noviembre de 2017, Tegucigalpa, Honduras.

Hoy, por la mañana, las cifras indicaban que el presidente Juan Orlando ya había superado con un 1.23% a su oponente Salvador Nasralla  quién se reconoce como el candidato elegido legalmente por el pueblo. Es así como el ganador comienza a imponerse a la fuerza, irrespetando la decisión de un pueblo, y todo se hace tras ese nubarrón de misterio que ha tenido a la población en espera de una respuesta. Países como Inglaterra con 53 millones de habitantes se tarda una noche en dar resultados de sus procesos electorales. Pero Honduras, con 9 millones de personas -y que no votan todas- es incapaz, y se toma casi cinco días para mostrar que el ganador inicial ya no es más el ganador por un margen de diferencia minúsculo. Si ya se quería perpetuar tal poder dictatorial, entonces ¿Para qué montar el circo de Elecciones Nacionales?

“Cuatro años más” representan un luto para este país, porque es más que claro que cuatro años más significan “dictadura”.Otra dictadura. Siguiendo la tradición nacionalista de dictaduras terribles como lo fue la dictadura de presidente Tiburcio Carías Andino, quién estuvo en el poder de forma pacífica de 1932 a 1936, y de ahí en forma de régimen dictatorial hasta 1949.

Estos cuatro años más que se vendrían suscitando, serían solo la continuación del pago de un 15% de impuesto sobre ventas, militares en las calles, asesinatos de activistas ambientales; de desfalcos al Seguro Social causando negligentemente la muerte de miles de personas que no tienen acceso a medicamentos, del robo de los impuestos para financiar más y más proyectos que beneficien a los adinerados del país, y también para financiar las ostentosas campañas electorales del partido nacional. Serían cuatro años más de zozobra, de no poder comprar una docena de huevos debido al aumento inflado de los precios; de ser profesor y vivir ridiculizado bajo unas leyes del magisterio ridículas debido al odio inusitado por parte del partido color azul hacia los docentes, en fin. Podría seguir enumerando más y más atrocidades pero eso no cambiaría en nada el panorama de las cosas.

Hoy escribo este grito de auxilio para pedirles a todos los que me leen en otros países que se unan a mí en la denuncia de este vil fraude, que nos ayuden para que la comunidad internacional sepa cuál es la verdad y todo lo que esto está causando en Honduras, quién hoy está de luto ante el asesinato de lo que alguna vez fue democracia.

Sara Rico Godoy.

 

 

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4 comentarios en “Honduras, de luto.”

  1. Entiendo la indignación e impotencia que generan estos hechos lamentables mi estimada compatriota y colega, más no hay que sentirnos vencidos, tu razón y corazón (porque somos sentipensantes) al igual que el mío y el de millones de hondureños repudian a este dictador y a las atrocidades hechas en contra del pueblo. Debemos mantenernos unidos y los ánimos en alto para dar la lucha en contra del régimen opresor.

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