aventura, personal

Viaje

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Hola mis queridos lectores de la blogósfera, les escribo porque estaré ausente los próximos cuatro días. ¡Me voy de viaje! Será un viaje en familia y algo muy necesario para mis nervios y para cargar baterías antes de mi partida hacia EEUU, donde, como ya saben, es donde vivo actualmente por motivos de estudio. Ya estoy cogiendo el avión el próximo 10 de julio así que un poco de ruta lenca, aguas termales, y caminatas por pueblos históricos y cálidos de mi país es exactamente lo que necesito para recargar mi batería del alma y la espiritual.
Esperen una entrada en Diarios de una Maga Viajera sobre estos mágicos lugares que visitaré en mi bella Honduras.
¡Besos a todos! Nos leeremos al volver 😉

PD: Me encantaría sabe de qué países me leen, algunos ya sé pero otros de ustedes no , así que dejen en los comentarios su respuesta.
¡Saludos mágicos!
😉😄

La Maga**

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Mi primera tormenta de nieve

Hace unos cuantos días lloraba desconsolada la muerte de mi mascota amada. Mi perro, con el que llevaba cinco años como mejores amigos, murió el pasado 12 de febrero dejándome destrozada, pesarosa y con remordimiento por no haberme podido despedir de él estando yo a miles de kilómetros de distancia. Lloré y lloré durante tres días, si bien intenté hacer actividades que me hicieran olvidar el hecho, lo cierto es que siempre al llegar a mi apartamento rompía llorar como niña pequeña a la que le han quitado el juguete. Pensé que mis días serían grises a partir de entonces y que el recuerdo de mi can me acompañaría a donde fuera y no me dejaría estar en paz. Claro que esto es ser un poco melodramática -me encanta el drama- pero sólo alguien que ha perdido a un ser querido tan importante sabe lo que se siente.

Mas no. No todo continuó mal. La naturaleza se compadeció de mí y decidió ponerse de mi lado y regalarme aquello que había anhelado durante mucho tiempo. Nieve. Mucha nieve para jugar. Ya la había conocido hace un mes mas o menos, cuando nevó por primera vez aquí en Carbondale, pero jamás y reitero JAMÁS había presenciado una nevada tan hermosa, blanca y pura en todo su esplendor. Fueron como 4 pulgadas de nieve las que atiborraron los techos del pueblo y en una noche esas 4 pulgadas cambiaron el aspecto triste y sombrío que tenía Carbondale, convirtiéndolo en un lugar brillante, fascinante y de carácter lúdico que sólo en mis sueños pensé ver alguna vez. Y lo mejor no fue eso, al anochecer y al pensar que ya solo me restaba terminar mis tareas para el día siguiente, ver unos cuatro capítulos de friends e irme a dormir, recibí una mensaje de texto con la frase “¿Te gustaría ir a deslizarte en la nieve?” Mi respuesta automática mental fue NO, es tarde, debo terminar esta tarea y hace mucho frío. Pero fue ahí, en ese momento, en el que lo analicé mejor y dije: ¿es realmente esto lo que estoy destinada a hacer aquí? fue mi primera nevada y ni siquiera fui capaz de disfrutarla y me conformé con verla desde mi ventana ¿acaso soy solo un ser pensante que vino a estudiar y estudiar, a quedarse encerrado en las cuatro paredes de su pequeño apartamento viendo la vida pasar? NO, no es así. Pensé en mi perro Jagger y sólo recordé las veces que él, muy a pesar de estar enfermo, quería jugar, brincaba, corría y no le importaba nada ¿por qué yo no puedo ser así? ¿por qué no soy capaz de hacer algo espontáneo por una vez en mi vida? Mandé de vuelta el mensaje y dice “Sí, ven por mí en diez minutos.” Dejé la tarea a medio terminar, cogí un buen abrigo, botas para la nieve, gorro, guantes y me fui.

El resultado: una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. No me importa haber vuelto tarde a casa y haberme desvelado terminando la tarea. La sensación del viento helado golpeando mi rostro, mis huesos congelados, el no sentir los dedos de mis manos, jugar con la nieve y lanzar una que otra bola de nieve son cosas que no cambiaría por nada del mundo, ni siquiera por una hora más de sueño -con lo que me encanta dormir- fue tanta la emoción que me dejó la experiencia que después, de tanto estar pensando en ella, no podía ni conciliar el sueño y luego, lo más alarmante para mí, es que pude levantarme siete horas después sin problema alguno, tenía mucha energía y mi cuerpo emanaba paz y alegría. Es increíble lo que una hora de vida invertida en lo inesperado y lleno de adrenalina puede hacerle a tu vida.