Diarios de una maga viajera

New Orleans, NOLA

El tren se detuvo y New Orleans nos recibió a mi compañera y a mi con arte y música desde la estación del Amtrak, donde había un mural gigantesco pintado en la pared. Parecía que catorce horas de espera valdrían la pena.

Día 1 – Frenchmen Street

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A nuestra llegada, tuvimos que dirigirnos al hotel donde nos hospedaríamos, el Olde Town Inn, un sencillo hotelito ubicado en Marigny Street, al cual las fotografías en el internet no le hacen justicia ya que es mucho más bohemio, acogedor y cómodo de lo que parece. Lo mejor del hotel era su ubicación, ya que no está a más de diez minutos caminando de Frenchmen Street y a quince del barrio Francés. Nuestra primera tarde fue para descansar, y después nos aventuramos a la búsqueda de un sitio para comer. Salimos en dirección al famoso barrio Francés del que toda la gente nos había hablado. Ayudándonos con un modesto mapa y el gps del celular, llegamos a un cruce donde un chico nos vio e inmediatamente supo que buscábamos un sitio en específico. Con mucha buena vibra y cálida actitud el chico nos habló de los sitios que había que visitar si queríamos comer, o si queríamos beber. También nos advirtió de qué sitios había que mantenerse alejados.

Por recomendación del chico llegamos a Thirteen, un sitio ubicado en Frenchmen, una preciosa calle llena de música y sitios para diversión de noctámbulos. Comimos unos deliciosos “Tachos” (muy recomendados) acompañados de una cerveza biei. Luego, nos dirigimos hacia el bar Maison, donde disfrutamos de una excelente banda en vivo (lastimosamente no recuerdo el nombre).

El chico que vimos anteriormente nos dijo que nos alejáramos de la calle Borbón, por ser un sitio atestado de turistas y ser el altar de la depravación absoluta que arruinaba por completo la imagen de NOLA. Obviamente, al escuchar esto, sentimos mucha curiosidad de ir, así que fuimos. En verdad Bourbon St es el sitio de fiesta ideal. Si te gusta mucho el emborracharte, fumar hooka, los strip clubs y enloquecer con tus amigos, entonces tienes que ir. Lo bueno de esta calle es que hay un variedad de lugares para complacer todo tipo de gustos, desde discotecas donde se escucha lo última de Flo Rida, hasta bares de Rock y Heavy Metal donde todos los metaleros saltan y hacen el headbanging. Pero, si eres más como yo, y prefieres lo relajado como un buen bar, con buena música en vivo, entonces tu sitio, nuestro sitio, es la espectacular Frenchmen Street, donde al caminar tus oídos se llenan de música acústica proveniente de todas partes, y donde puedes encontrar desde un chico tímido de gafas que canta y toca la guitarra, hasta una banda de seis que tocan instrumentos de viento y los acompañan con una modesta percusión. Los lugares que recomiendo son Spotted Catt, Maison y Bamboulas.

Día 2- Mississippi River, French Market, Plaza de España, The Crazy Lobster y el parque de Louis Armstrong.

El día dos nos dirigimos desde temprano hacia el Río Mississippi, para tratar de disfrutar la relajante vista y meditar un poco. Primero, pasamos por el famoso mercado francés, un enorme lugar donde se pueden encontrar a la venta numerosos souvenirs para la familia, también ropa y algunos sitios para comer. Al llegar al río Mississippi, para nuestra desgracia, comenzó a llover y tuvimos que correr a refugiarnos a un café cuyo nombre decidí olvidar debido al maltrato y la pedantería de la chica que nos atendió (y donde me he bebido el peor chocolate caliente que haya probado alguna vez). Al escampar, logramos caminar hasta la Plaza de España, pasando por el Acuario (al cual no decidimos entrar por cuestiones de tiempo). En la plaza de España se encuentra un sitio lindo -aunque diminuto- que representa la parte de herencia española que aún conserva NOLA. Ahí se encuentra una fachada de castillo con arquitectura muy española y una fuente que tiene un azulejo de cada provincia española. Luego en ese mismo sitio, decidimos comer en The Crazy Lobster, donde como dijo mi compañera “Nos dimos el homenaje” de comer una deliciosa langosta, acompañada de langostinos, y otras deliciosos mariscos.

Luego, caminamos hasta el parque de Louis Armstrong (después de perdernos y encontrarnos) y disfrutamos de una sesión fotográfica con las estatuas de Louis Armstrong. Al parque se puede entrar fácilmente desde el barrio francés. Al caer la tarde decidimos regresar al hotel, donde descansamos un poco. Luego, retomamos Frenchmen Street,que ya nos había conquistado y nos quedamos en el bar Bamboulas para disfrutar de lo que restaba de la noche.

Día 3- Cafe du Monde, Jackson Square y St Louis Cathedral

Este día, ya el último, decidimos cumplir con nuestra promesa de visitar el famoso Cafe du Monde, ubicado en Decatur Street, donde probamos los famosos beignets y posteriormente pasamos por Jackson Square, una pequeña plaza donde disfrutamos del arte callejero, un Darth Vader bailando disco, y donde visitamos la Catedral de San Luis, hermosa por dentro y por fuera.

NOLA vale la pena porque…

A pesar de haber sido un lugar que visitamos muy poco, la ciudad de New Orleans queda en nuestra lista de lugares a los que volveríamos y recomendaríamos por las siguientes razones:

  1. La música jazz y el arte están por todos lados.
  2. La gente es amable, relajada y “cool”.
  3. Es una ciudad que acepta la diversidad.
  4. Los estilos de las casas son un must que hay que fotografiar y los estilos de las avenidas en el barrio francés tienen su origen en la historia de la ciudad, que antes fue colonia española.
  5. Los collares de Mardi Grass y otros desfiles están por todos lados y adornan los balcones de las casas.
  6. La música en los bares es increíblemente buena y realmente te llegas a preguntas qué haces con tu vida.
  7. El ambiente bohemio es espectacular, toda la gente tiene un estilo de vestir salido de revista.
  8. Si el calor te cansa puedes sentarte en los pórticos de las casas.
  9. La vista del río Mississippi es asombrosa y es capaz de relajar hasta al más tenso.
  10. El ambiente de fiesta siempre está presente y por eso debes volver.

No todo es perfecto porque…

Como toda ciudad, New Orleans no es perfección. Hay que tener en cuenta algunas cositas antes de viajar a ella y durante tu estadía.

  1. La amabilidad de la gente a veces raya en la intromisión. Estuvo bien que las personas nos ofrecieran su ayuda, pero muchas veces nos sentimos observadas y molestas por personas que sólo veían que sacábamos un mapa y ya nos preguntaban “¿A dónde quieren ir?” en un día se nos preguntó más de seis veces. ¡Déjame perderme que así es como conozco!
  2. Los meseros y personas de atención al cliente en algunos sitios es linda hasta que le pagas. Esto no sólo pasa en NOLA, pasa en todo Estados Unidos, pero por alguna razón en NOLA esta característica americana de los restaurantes se hizo mucho más obvia. Así que no te sientas ofendido si el mesero al traerte la cuenta presenta un semblante más severo e incluso te pide que por favor le dejes la propina en cash y no con tarjeta.
  3. Ir en temporada de verano no es muy buena idea si se quiere conocer la ciudad caminando. Das tres pasos y ya sientes que necesitas máscara de oxígeno. La humedad característica de NOLA es algo para lo que se tiene que estar muy preparado si te vas a aventurar a conocer la ciudad a pie.
  4. No esperes mucho de los Beignets. Los famosos beignets son deliciosos pero es probable que sientas que fue más la espera y el tiempo que te gastaste buscando sitio para sentarte, que lo que disfrutaste los donuts. El Cafe du Monde siempre está bastante lleno de gente, lo cual es raro para ser un lugar donde sólo se venden donuts, café y jugo de naranja.
  5. Como en toda ciudad está el lado del que nadie habla, el lado de las personas sin hogar, las cuales te puedes encontrar fácilmente caminando por el downtown de la ciudad y pueden sacarte uno que otro susto.

La Maga**

 

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Diarios de una maga viajera

En la ciudad que nunca duerme

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Llegué a la ciudad de mis sueños el lunes 28 de diciembre aproximadamente a las 5 de la tarde. La ciudad ya oscurecía y comenzaba toda la vida nocturna tan característica de sus calles. Llegue a la Grand Central y no pude evitar sentirme embelesada por el escenario, me sentí como en una de esas tantas películas en donde los personajes corren tras un amor que tomará un tren. La estación estaba repleta de gente de todo tipo de edades, etnias y rostros. Algunos se saludaban fervientemente, otros caminaban apurados en el afán de sus vidas diarias usuales (los que han estado en New York saben que el afán está al orden del día) y yo me quedé estática observando el hermoso encielado del edificio. Me subí a otro tren rumbo a mi lugar de estadía, en el Bronx, y me encontré con el tan conocido humor newyorquino de las 6 de la tarde “EXCUSE-ME”, vociferaban los pasajeros del tren que necesitan hacer espacio para correr agitadamente rumbo a las puertas de entrada o salida, manteniendo rostros de seriedad, cansados de la ardua labor del día o preocupados por la jornada-turno que iniciaría. Mientras una mujer se molestaba conmigo y me observaba con ánimos de asesinarme -puesto que yo, sin saber, iba golpeándola con mi mochila gigantesca- yo conversaba con mi “host”, contándole de lo mucho que había soñado con ir ahí y los sitios que pensaba visitar.

Día 1: Coop City, The Bronx.

Hay una pequeña ciudad, muy al norte del Bronx, donde muchas personas han encontrado una oportunidad para vivir de manera decente y segura. Los edificios de apartamento construidos por una cooperativa, alojan a más de 3,000 personas, si no es que más. Las torres están rodeadas de muchos sitios de entretenimiento o de necesidad para las personas que viven ahí – malles, restaurantes, cafés, bares, estaciones de bus y subway (este último a menos de 10 minutos caminando), por lo que los apartamentos tienen una alta demanda y una lista de espera de hasta dos años. Dediqué mi primer día para explorar el sitio brevemente, encontrándome con una caminata muy sana, relajante y finalizando con una visita a una de mis librerías predilectas, Barnes & Noble.

Día 2: Ferry,  Museum of the Indian American, Wall Street, World Trade Center, Times Square y Rockefeller center.

El segundo día me lancé a la aventura de visitar todos los sitios que pudiera. La primera parada fue el South Ferry, el cual es completamente gratis y permite una vista decente de la Estatua de la libertad  y la Isla Ellis. De regreso, pasamos por Museum of the Indian American cerca de Wall Street, una calle de película donde todos los eruditos de los negocios se mueven agitadamente, y donde las personas se amotinan para tomarse una fotografía con el famoso Toro de Wall Street, escultura que representa el poderío financiero y es muy popular entre los turistas. Después caminamos hasta el World Trade Center y la Zona Cero, donde nos encontramos con el monumento o memorial dedicado a las víctimas del 9/11. Se podía percibir el ambiente de luto aún en cada palabra de los nombres de las víctimas, los cuales están colocados como marco de la espectacular fuente, la cual tiene una infraestructura muy peculiar, en forma de cascada rectangular y se encuentra iluminada con luces de color amarillo brillante. Después, paramos por Times Square, a mí parecer un sitio impresionante lleno de una energía positiva increíble, me pareció de esos lugares donde te vas si de repente la depresión toca tu puerta o el aburrimiento se apodera de tus horas. A pesar de que como muchas personas pueden pensar “es sólo pantallas y colores”, Times Square ofrece un sitio de encuentro para todas las naciones de mundo, es el camino donde se cruzan todas las almas y convergen idiomas, culturas y más. En Times Square encuentras de todo, restaurantes, tiendas de ropa, teatros, cafés, bares, etc. Lo realmente negativo a mencionar es que Times Square siempre está atiborrado de personas, por lo que esto a veces no solo dificulta las fotografías y “Selfies” si no también la movilización de un sitio a otro.

Nuestra última parada fue el Rockefeller Center, donde está el famosísimo árbol de navidad de “Mi pobre angelito”. Miles de personas se reúnen en torno al árbol para obtener un poco de “espíritu navideño de la época” y tomarse sus respectivas fotografías. Cerca, se encuentra la pista de patinaje en hielo, la cual pude ver de lejos, ya que su larga fila de espera puede producir ansiedad a cualquier viajero.

Día 3: Puente de Brooklyn

El día tres me subí al tren de hora y media rumbo a su última parada, el puente de Brooklyn. Desde que llegué me sorprendió mucho su presencia imponente y la cantidad de personas que se reúnen para cruzarlo y observar la hermosa y espectacular vista de Manhattan. La cruzada es de aproximadamente unos 40 minutos -contando las fotografías obligatorias- ya que no solamente es un puente grande, también constantemente en temporada festiva está repleto de miles de personas y la movilización se hace de paso lento. Cabe mencionar que hay una cierta cantidad de vértigo para el que camine sobre él, pero la vista preciosa de la ciudad y del puente de Manhattan hacen olvidar cualquier padecimiento psicológico y lo que se obtiene de ello son las inigualables fotografías, el viento heladísimo golpeando el rostro y el placer de llegar al otro lado, donde se puede visitar Brooklyn.  Yo no llegué a ver mucho de Brooklyn, ya que al estar sola me perdí, decidí regresarme y simplemente pasar por el parque de Brooklyn y DUMO, ambos sitios ubicados bajo el puente. DUMO específicamente se ubica entre el puente de Brooklyn y el puente de Manhattan y es un área famosa de Brooklyn donde se ubican distintas atracciones para los turistas, como parques, sitios donde se ofrecen conciertos,restaurantes con largas colas en su entrada, heladerías famosas, entre otras cosas.

Día 4: Quinta avenida, Central Park  Y MOma.

El día 4 visité el famoso Central Park, sin olvidarme de pasar por la 5th Avenue, lugar donde vimos caminar muchas veces a Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte de Sex and the city. La avenida, que comienza en el famoso Washington Square Arch, ubicado en el Washington Square Park, ofrece una de las calles más exclusivas del mundo o como se ha catalogado “best shopping streets in the world”, ya que en ella encontramos los sitios de consumo más caros, y algunos edificios históricos importantes como la Catedral de St. Patrick y la Trump Tower. Caminar por ella es toda una experiencia, es difícil decidir hacia donde poner los ojos, no se sabe si observar las vitrinas de la tiendas, u observar a las personas que caminan por ella cargando sus bolsas de compra y utilizando ropa elegantísima digna de una pasarela de modas.

Central Park fue uno de mis lugares favoritos de la visita. A pesar de ser un parque enorme y no haber llegado a explorarlo todo como me hubiese gustado, es simplemente el escenario perfecto de una película de Hollywood. Hoy puedo corroborar que todo lo que se ve en las películas sobre el parque es verídico. Allí se puede encontrar la reserva Jackie Kennedy , el Beldevere Castle y otros lugares que al verlos nos recuerdan a algunas de las escenas que hemos visto en una que otra película o serie de televisión. Pero es grande, demasiado. Por lo que es recomendable invertir en él un día completo si se quiere explorar en su totalidad, y también utilizar un calzado adecuado, ya que la caminata es kilométrica.

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Finalmente pasé por el famoso MOma, o Museum of Modern Art, donde se encuentran las exhibiciones de arte moderno más impresionantes. Contando con siete pisos, uno puede elegir que colección observar si va corto de tiempo. Yo decidí pasarme rápidamente por la colección de escultura de Picasso y otras colecciones de arte objeto y pintura de otros artistas que para ser sincera no eran de mi conocimiento. También decidí explorar un poco la librería, siendo este mi sitio predilecto por hacer honor a la “booknerd” que soy.  El museo cuenta con varias salas de exposición, cafés- restaurantes, baños en cada piso y una librería.

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Día 5: NYU y Washington Square Park.

En mi penúltimo día quise visitar la New York University y el bien conocido Washington Square Park, sitio donde encontramos el Arco famoso, donde se conocieron Harry y Sally, o donde Keira Knightley hizo un performance cuando grababa una de sus canciones de la película Begin Again. La NYU es una universidad ubicada en medio de la ciudad, cuyo campus no es similar al de las características universidades en USA. Los predios se encuentran mezclados entre edificios de apartamentos o edificios de restautantes o sitios comerciales, lo que distingue a estos edificios de los otros es una banderilla colo púrpura con las siglas NYU escritas en color blanco. Al llegar al parque me encontré con un pianista que deleitaba a los turistas con algunas piezas de música clásica, artistas pintando el suelo, personas haciendo burbujas gigantescas de agua y muchas personas tomándose la necesaria fotografía frente al arco. Yo en vez de eso me senté a observarlo cuidadosamente para retratarlo en mi memoria y nunca olvidarlo, pero sí, tomé las respectivas fotografías.

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Día 6: Chinatown y Little Italy

Mi última parada fue por estos famosos barrios de New York, donde increíblemente uno parece ya trasladarse a otra parte de mundo que no es la ciudad que nunca duerme. Chinatown tiene su encanto. En cada esquina uno se encuentra con una persona ofreciéndole la mercancia de lo que vende -te hablan en chino, o en un “broken english”- pero también se encuentran restaurantes por doquier y yo, por supuesto ,sucumbí ante mis antojos de un delicioso plato de arroz con camarones. Little Italy es muy distinto, y aunque ambos barrios están juntos uno del otro, te das cuenta que has cambiado de barrio no por las las letras que dicen “Little Italy” si no por el drástico cambio de colores -todo de repente se vuelve rojo, blanco y verde- y el cambio en la decoración, donde cómo se imaginarán los italianos tienen un gusto muy peculiar y en seguida hacen sentir a sus turistas como en una calle famosa de alguna ciudad de Italia donde prevalece la alegría, las conversaciones ruidosas y los gestos de mano pronunciados.

Mi viaje terminó y yo quedé satisfecha, aún cuando me faltaron muchas cosas por conocer y calles por recorrer. Definitivamente New York es una ciudad a la que toda persona en el mundo debería ir si necesita un “shift” ya sea en lo creativo, o en la forma en que ve el mundo. Para mí fue increíblemente más lo segundo -aún cuando pensé que sería en lo primero- y el visitarla prácticamente sola, perdiéndome y encontrándome en varias ocasiones, me ayudó a aprender muchísimo y me siento muy feliz de haber vivido la experiencia. Si me preguntan sí, es una ciudad bastante cara, pero es posible disfrutarla con un presupuesto bajo como lo hice yo. Tuve la ventaja de tener amigos de mi familia que me alojaran, por lo que si ustedes tienen familiares o amigos que vivan ahí es hora de irles pidiendo el favor. Si no, hay muchas opciones de hacer couchsurfing (si no saben qué es aquí les dejo la página web para que investiguen https://www.couchsurfing.com/ )  o si se viaja en grupo, rentar un airbnb (si tampoco saben lo que es les animo a que investiguen, aquí les dejo la página web https://es.airbnb.com )  La tarjeta ilimitada del subway vale 30$ y dura una semana, por lo que es posible usarla las veces que uno necesite -como yo, todas las veces que tomé el tren equivocado-. Si quieren visitar museos busquen los posibles días gratis, en mi caso que visite el MOma -éste tiene días gratis los viernes de 4 a 6 pm- y El  Museum of the Indian American que es completamente gratis.  El Ferry para ver un poco cerca la Estatua de la libertad es completamente gratis.

¡Hasta la próxima aventura magos!

 

La Maga**